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¿Frikis o emprendedores?

26 Azaroa, 2012

Estamos viviendo una época maravillosa en lo referente a lo tecnológico. Nunca habíamos estado tan y tan bien conectados. Recuerdo cuando me despedía de mis amigos de verano y no sabía nada de ellos hasta el año siguiente, algunos no volvían a venir, otros venían totalmente cambiados…. Hoy mantengo relación con ellos casi diaria, sé lo que les preocupa, sus iniciativas, sus momentos buenos y malos….

Estas mismas oportunidades aplicadas a lo profesional nos dan unas posibilidades extraordinarias que nunca pensamos que pudieran llegarse a dar. Recuerdo cuando una técnico municipal me dijo que ¿para qué queríamos los Educadores de Calle cuenta de correo? Por no hablar de internet que nos íbamos a pasar el día viendo el Marca, preparando viajes o chateando….

Diez años después me enzarzo dialécticamente en una conversación con los Educadores de Calle en el Congreso de Educación Social en Valencia en el que de una manera acérrima se negaban a implementar las TICs en el día a día con sus chavales. Me parecía un craso error ya que todo lo que sea sumar y adaptarnos a los nuevos comportamientos es positivo.

Pero la invitación de Asier es para hablar del Whatsapp como punta del icerberg de lo que nos viene. Tenemos ahora mismo una aplicación que está definiendo lo que va ser una bomba tecnológica a nivel de comunicación con sus detractores y sus apasionados como yo. Para estos casos tengo una regla muy básica y que me hace no perder el norte: ¿Me ayuda o me perjudica?. ¿Me genera buenas sinergias o por el contrario me hace ser una víctima de la tecnología?. Lorena Fernández lo dejaba bien claro el otro día cuando apuntaba que “la revolución no sucede cuando la sociedad adopta nuevas herramientas, sino cuando adopta nuevos comportamientos”. Es aquí donde veo la clave de la cuestión querido Watson.

El asunto es que el Whatsapp, o el Viber, o el Spotbross o lo que quiera Dios que venga me permite trabajar en tiempo real (o casi) con mi entorno laboral. ¿No hay que apostar por la multidisciplinariedad? pues pongámosela fácil. Si la Trabajadora Social, el tutor, la madre, mi jefa, el educador, el psicólogo somos capaces de estar comunicados y poder fluir la información de una manera más eficiente estamos haciendo que nuestro trabajo sea más fácil. En este sentido y centrándonos en el Whatsapp, como herramienta de trabajo, hemos descubierto un par de funciones muy a tener en cuenta con el mismo denominador común : crear red. Bien generando vías de inter-comunicación entre educadores y entre ellos y los jóvenes y tanto de tú a tú como creando un grupo.

A modo de ejemplo, la opción de grupo la hemos puesto a prueba recientemente en nuestra organización (IRSE Álava), donde varias personas (de diferentes programas) hemos estado en contacto “permanente” durante varios días a propósito de una jornada de formación en Donosti. Sólo ha habido que hacer un “click” en “nuevo grupo” e invitar a los participantes y, a partir de ello, abrir una nueva vía de participación y de compartición (de ideas, opiniones, archivos,…) en tiempo real que nos sitúa a todos en un plano horizontal, nos ayuda a tomar decisiones y refuerza nuestro sentimiento de pertenencia.

No obstante debemos señalar que hay un par de requisitos necesarios para procurar la intercomunicación: la voluntariedad y el interés. Y, si bien, la  motivación por la tarea y por el flujo de información son importantes factores de empuje para el uso de la herramienta, de nada servirán ante quién vea en ello un nuevo “sistema de control”.

No será la mejor herramienta para casi nada (si se trata de transmitir una información, mejor hacer una llamada de voz; si es un pack de documentos, mejor un mail,…) pero si la llevas contigo, la vida cotidiana se hace más fácil por su versatilidad y adaptabilidad,…, que precisamente es ahí donde residen las virtudes escondidas del “What’s up (qué pasa)”: su función de navaja suiza. Y no nos olvidemos el puntito transgresor que tiene! (a veces se cuela un chiste, una convocatoria, una tontería, una nueva grafía, etc.).

Pero como todas las cosas tiene que tener un control. Aquí es donde tenemos que empezar a escribir la Historia. Donde somos parte activa de que las tecnologías sean una ventaja y no una gran bola de nieve que nos cae encima. Así pues hay que elaborar un “código deontológico” de uso de estas herramientas, o mejor dicho de los comportamientos que tenemos cuando usamos las herramientas. Ahora mismo echamos mano de nuestras intuiciones, pero merecería la pena parar un poco y definirlas. Pondría la tilde en su uso compulsivo e incontrolado: no nos debe generar ansiedad hacer (o no) amigos, responder, participar…o que no nos inviten a un grupo (o nos echen!), ni debemos vernos obligados constantemente a ser ingeniosos o contar minuto a minuto nuestra vida. Respetemos tiempos y espacios, no dejemos a nadie fuera de un grupo de trabajo porque no tiene un smartphone, analizemos su seguridad, protección de datos… pueden ser algunas de las líneas a tener en cuenta.

Está claro camino se hace andando y con mucho Fallondizaje (aprendizaje a través de los fallos)

…..sweet dreams.

Iñigo Martínez de Mandojana Valle/Lorenzo Martínez Paz

IRSE álava

@inigomandojana

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